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Fuerte intervención de Caputo para frenar una corrida en medio del derrumbe de los mercados

Tras la derrota de Trump, se desplomaron las acciones y los bonos argentinos y el riesgo país tocó los 852 puntos.

 La derrota electoral de Donald Trump desató una liquidación masiva de activos argentinos que obligó al equipo económico de Luis Caputo a enfrentar una nueva jornada de presión cambiaria. Mientras las acciones y los bonos se desplomaban, el mercado detectó movimientos extraordinarios en el segmento de deuda en pesos y señales de intervención para contener la corrida hacia el dólar. Las sospechas apuntan al Tesoro y al Banco Central.

La particularidad es que el derrumbe argentino ocurrió mientras los principales mercados internacionales festejaban el resultado electoral estadounidense. Wall Street operó en alza, el Dow Jones llegó a ganar 1.500 puntos y los bonos de otros países latinoamericanos también subieron.

Argentina quedó del otro lado del mostrador. El mercado interpretó que el debilitamiento político de Trump podía comprometer el respaldo financiero de Estados Unidos a Javier Milei.

El riesgo país, que había cerrado el martes en 831 puntos básicos, alcanzó los 852 durante la rueda del miércoles. Los bonos soberanos en dólares volvieron a caer. El Global 2035 perdió un 0,22%, mientras que el AL35 retrocedió un 1,05% y el AL30 cedió un 0,38%. En contraste, los bonos de México, Uruguay, Perú, Brasil y Chile registraban ganancias de entre el 0,22% y el 0,40%.

La venta también golpeó a las principales empresas argentinas que cotizan en Nueva York. YPF llegó a perder un 7,2%, Pampa Energía un 4,3%, Transportadora de Gas del Sur un 3,2% y Central Puerto un 2,6%.

Los bancos tampoco escaparon: Galicia retrocedió un 1,9% y BBVA un 1,7%. A la incertidumbre política se sumó la caída del petróleo, con el Brent perdiendo un 8,7% hasta los 94,6 dólares, un movimiento que afecta las perspectivas de ingresos de Vaca Muerta.

En las mesas financieras describieron el episodio como “un sell off electoral”, lo que quiere decir venta generalizada de acciones, bonos en dólares y títulos en pesos. La presión alcanzó a todos los segmentos del mercado argentino.

Ante ese panorama, el mercado detectó una fuerte intervención oficial a múltiples bandas. La señal más contundente apareció alrededor de las tres de la tarde, cuando una oleada de órdenes de compra alteró las cotizaciones de los bonos en pesos.

 

Bausili y Werning, las autoridades del Banco Central.

Los operadores observaron que los papeles ajustados por inflación y los bonos duales, que ofrecen cobertura según la evolución de distintas tasas, pasaban de una jornada apagada a registrar aumentos superiores al 4% en cuestión de minutos.

El movimiento fue especialmente llamativo porque se concentró en los títulos con vencimiento posterior a 2028. Es decir, los bonos que cargan con el riesgo de atravesar las próximas elecciones presidenciales. No se trató de una recuperación general de la deuda en pesos, sino de compras concentradas en instrumentos que venían sufriendo el mayor castigo.

 El mercado detectó una fuerte intervención oficial a múltiples bandas. La señal más contundente apareció alrededor de las tres de la tarde, cuando una oleada de órdenes de compra alteró las cotizaciones de los bonos en pesos.

El TZX28, por ejemplo, permaneció prácticamente inmóvil durante buena parte de la rueda, cerca de los 361 pesos. A las 15 saltó a 365 y llegó a tocar los 367 pesos. El TXMJ0, que había terminado la jornada anterior en 82,80 pesos, superó los 86 pesos y recuperó en menos de una hora toda la caída acumulada durante noviembre.

Los números del volumen refuerzan las sospechas. A las 16:02, el TXMD9 acumulaba operaciones por 978.000 millones de pesos y subía un 4,29%. El TXMJ0 negociaba 745.000 millones, con una mejora del 4,34%. El TZXS8 registraba 276.000 millones y ganaba un 1,95%. El TXMJ9 avanzaba un 2,52%, mientras que el TZX28 subía un 1,45%.

En ese momento, el volumen negociado en los instrumentos seleccionados alcanzaba aproximadamente 1,7 billones de pesos, casi tres veces el movimiento habitual de una rueda.

En los bonos ajustados por inflación, sin contar los duales, las operaciones superaban en un 237% las registradas el día anterior a la misma hora. El TZXS8 concentraba el 45,6% de ese segmento, con una actividad cercana a diecinueve veces su volumen habitual. Al cierre, el movimiento resultó todavía más significativo. Los operadores calcularon que la renta fija en pesos había superado los 3 billones de pesos negociados, frente a un promedio cercano al billón.

La hipótesis de una intervención oficial ganó fuerza. Algunos estimaron que las compras atribuibles al sector público podían rondar los 2 billones de pesos.

La maniobra tuvo consecuencias inmediatas sobre las tasas. El TXMD9 pasó de ofrecer un rendimiento real del 8,3% al 6,8%. El TXMJ0 bajó del 8,1% al 6,9%. En el mercado de cauciones, donde se negocian préstamos de muy corto plazo, las tasas que habían superado el 30% anual terminaron cerca del 22%.

La operación también tiene una explicación vinculada con las necesidades financieras del Gobierno. Caputo debe enfrentar vencimientos por alrededor de 40 billones de pesos durante noviembre y prepara una nueva licitación de deuda. La caída de los bonos largos complicaba la posibilidad de renovar esos compromisos sin convalidar tasas cada vez más altas. Comprar esos papeles permite levantar sus precios, reducir sus rendimientos y mejorar las condiciones de la próxima colocación.

Pero el remedio tiene un riesgo. Si el Estado compra bonos y entrega pesos a los inversores, esa liquidez alimenta la demanda de dólares. En otras palabras, el Gobierno puede apagar el incendio del costo de la deuda y trasladar las brasas al mercado cambiario.

La demanda de cobertura cambiaria se convirtió en el principal problema para Caputo. De hecho la tensión alcanzó también al mercado de futuros, donde los inversores buscan asegurarse hoy el precio al que podrán comprar dólares más adelante. Las cotizaciones llegaron a reflejar un dólar de 2.026 pesos para noviembre de 2027.

El Gobierno necesita convencer al mercado de que podrá pagar sus compromisos más allá de 2027, justo cuando la derrota de Trump debilita las expectativas de asistencia estadounidense.

El trasfondo es político, pero sus consecuencias son financieras. La victoria demócrata en el Congreso estadounidense debilitó la capacidad de Trump para sostener sin cuestionamientos el auxilio a Milei. Los legisladores demócratas ya habían presentado iniciativas para impedir que el Tesoro norteamericano utilizara recursos públicos en el rescate argentino.

El proyecto conocido como No Argentina Bailout Act colocó el swap en el centro de la discusión parlamentaria. Para los inversores, la cuestión es decisiva: una cosa es disponer de una línea de financiamiento y otra conseguir que los dólares lleguen cuando el mercado los reclama.

El Global 2030 llegó a ofrecer una tasa interna de retorno del 13,4% en moneda dura, un rendimiento que refleja el elevado costo que los inversores exigen para prestarle dólares a la Argentina.

Como sea, el Gobierno necesita convencer al mercado de que podrá pagar sus compromisos más allá de 2027, justo cuando la derrota de Trump debilita las expectativas de asistencia estadounidense.

El resultado es una importante intervención del sector público en un mercado que el Gobierno asegura querer dejar librado a sus propias fuerzas. Caputo consiguió, al menos durante unas horas, revertir el derrumbe de los bonos largos en pesos. Lo que todavía no consiguió es despejar la pregunta que atraviesa toda la rueda: quién pondrá los dólares para sostener el programa financiero cuando el respaldo de Washington ya no parece tan incondicional.

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