La contundente derrota de Donald Trump en las elecciones legislativas de Estados Unidos dejó a Javier Milei a contramano de los mercados internacionales. Mientras Wall Street celebró el triunfo demócrata con subas superiores al 2%, los activos argentinos quedaron en terreno negativo y el riesgo país trepó hasta los 852 puntos, su nivel más elevado en un año. El resultado electoral debilitó al principal aliado internacional del Gobierno y abrió interrogantes sobre la continuidad del respaldo financiero estadounidense, una pieza fundamental de la estrategia económica de Luis Caputo.
Los demócratas consiguieron recuperar el control de ambas cámaras del Congreso, un resultado que limitará el margen de maniobra de Trump durante los últimos dos años de su mandato. La derrota republicana fue particularmente significativa porque incluyó victorias en estados tradicionalmente conservadores, como Texas, Kansas y Carolina del Sur. La nueva composición legislativa asumirá el 3 de enero de 2027, precisamente cuando Argentina deberá enfrentar un exigente calendario de vencimientos de deuda.
La reacción de los mercados estadounidenses contrastó con el comportamiento de los activos argentinos. Los principales índices de Wall Street registraron avances superiores al 2%, mientras que en Buenos Aires el Merval retrocedía casi 2% y el indicador de riesgo país elaborado por JP Morgan aumentaba hasta los 852 puntos. Entre las empresas argentinas que cotizan en Nueva York, Vista Energy caía 7%, YPF retrocedía 6% y Pampa Energía perdía 4%.
El derrumbe de las compañías energéticas también estuvo vinculado con el desplome internacional del petróleo, que perdió cerca del 8% en medio de la incertidumbre por la guerra contra Irán. Sin embargo, el contraste entre Wall Street y los activos argentinos expuso una particularidad del programa económico libertario: mientras los inversores internacionales encuentran motivos para celebrar el debilitamiento político de Trump, Argentina enfrenta nuevas dudas sobre la disponibilidad del auxilio financiero de Washington.
La principal preocupación pasa por el futuro de la asistencia estadounidense. El gobierno de Milei consiguió sostener parte de su estrategia financiera gracias al respaldo de la administración republicana, que habilitó mecanismos extraordinarios de apoyo, entre ellos un acuerdo de swap por USD 20.000 millones y operaciones del Tesoro norteamericano. Pero los demócratas ya habían cuestionado públicamente la utilización de recursos estadounidenses para asistir a la Argentina y promovieron iniciativas legislativas destinadas a limitar ese respaldo.
Un informe de CEPA había advertido, antes de las elecciones, sobre las consecuencias que podría tener un Congreso opositor para la continuidad de la asistencia. Entre los antecedentes aparecen proyectos como el No Argentina Bailout Act y el American Farmers First Act, que expresaron el rechazo de sectores demócratas al salvataje argentino. Con el nuevo equilibrio legislativo, esas objeciones adquieren mayor peso político y podrían dificultar cualquier intento de ampliar el apoyo financiero.
Los dólares de 2027
El calendario financiero argentino vuelve especialmente delicado ese escenario. Según las estimaciones reunidas por CEPA, las necesidades de financiamiento para 2027 rondan los USD 16.500 millones, incluyendo compromisos vinculados al Banco Central y obligaciones con organismos internacionales. A eso se suma la necesidad de afrontar importantes vencimientos de deuda soberana, entre ellos pagos previstos para julio, en un contexto en el que Argentina todavía no consiguió recuperar un acceso sostenible al crédito internacional.
El problema es que las dificultades de Caputo preceden a la derrota de Trump. La consultora 1816 ya había advertido sobre el atraso cambiario y la fragilidad de una estabilidad financiera que depende de la disponibilidad de dólares. Max Capital, por su parte, había identificado una victoria demócrata como un factor potencialmente negativo para los bonos argentinos. La elección estadounidense, por lo tanto, no creó las vulnerabilidades del programa económico, pero amenaza con reducir uno de los respaldos externos que permitían administrarlas.
El analista Jorge Ángel Harker, de Adcap, también planteó que el nuevo equilibrio político estadounidense podría contribuir a estabilizar el mercado de bonos y reducir la utilización de aranceles como instrumento de presión internacional. Para otras economías, el debilitamiento de Trump podría significar una reducción de la incertidumbre comercial. Para Milei, en cambio, representa un desafío adicional porque su estrategia internacional quedó fuertemente asociada al presidente republicano.
El temor a 2027
Pero la preocupación de los inversores no termina en Washington. Según estimaciones de Adcap, la probabilidad de reelección de Milei cayó desde un máximo del 83% en julio hasta aproximadamente el 50%. Ese deterioro de las expectativas políticas empieza a condicionar las valuaciones de los activos argentinos, especialmente los bonos soberanos y las acciones bancarias.
En ese contexto, el riesgo de una nueva asistencia estadounidense se combina con la incertidumbre sobre la continuidad del programa económico después de 2027. Adcap advierte que una eventual reducción de las tasas de los bonos del Tesoro norteamericano podría aliviar parcialmente la presión sobre la deuda argentina, pero no alcanzaría para compensar una ampliación persistente del riesgo país. La acumulación de reservas y la evolución del escenario electoral doméstico aparecen como variables decisivas.
La paradoja es que Milei apostó a su relación privilegiada con Trump como una garantía de estabilidad financiera y respaldo internacional. Ahora, mientras Wall Street encuentra razones para festejar el debilitamiento del presidente estadounidense, Argentina vuelve a enfrentar una situación de fragilidad. La derrota republicana no elimina el salvavidas financiero de Washington, pero deja a Caputo ante una pregunta incómoda: cuánto tiempo más podrá sostener su programa económico dependiendo de una ayuda externa que comienza a enfrentar mayores obstáculos políticos.

